Isabel Garzón

Esta vida no es de prueba, ¡Vívela!

¿Qué hago con la preocupación?

¡Buenos días!
¿Seguimos preocupándonos?

Cuando no dejamos de darle vueltas a todo, como ya hemos dicho entramos en agotamiento emocional, sentimientos de importancia que nos paralizan.

Una forma de poder entender y comprender la preocupación es ser consciente de para que nos sirve estar pre- ocupado …
Por ejemplo, puedes escribir un listado de lo que te preocupa, pasaremos a analizarlo.

Nos preguntaremos cuáles de esos problemas son reales, separándolos de aquellos que son ideas negativas, miedos al futuro que están limitando nuestro día a día.

¿Cuáles de estos problemas son reales y factibles de suceder? ¿en qué me vaso para creer que es cierto?

También puedes plantearte estas cuestiones: ¿Qué los ha originado? ¿Qué podría hacer para solucionarlo? ¿Cuándo puedo empezar a enfocarme en las posibles soluciones? ¿Hoy o mañana? ¿Cómo voy a hacerlo?

Y ahora observa … cuando no dejamos de darle vueltas a todo aparece a nuestro peor enemigo: el diálogo interno.
Observa cual es tu dialogo cuando estas preocupado.

¿Qué te dices?


El diálogo interno. Es él quien hace los problemas más grandes, al susurrarnos que no vamos a poder con eso llevándonos a inmovilizarnos, angustiarnos en vez de pasar a la acción. Es necesario por tanto educarlo y tomar control sobre esa voz interna.

¿De qué manera? Siendo conscientes del modo en que nos hablamos a nosotros mismos. Es esencial que comprendamos un detalle muy simple: preocuparse no es malo, hacerlo en exceso sí. La finalidad de una preocupación no está en avivarla más aún, en quedarnos quietos lamentándonos y dándole vueltas a eso que hay en nuestra mente. La clave está en cambiar el enfoque, entendiendo para que nos sirve la preocupación, que nos lleva a buscar soluciones y crear cambios.


Y Hoy ¿has aprendido algo nuevo? ¿Qué vas a hacer con ello?


¡Que tengas un día extraordinario!

0