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Isabel Garzón

Esta vida no es de prueba, ¡Vívela!

Manejar las emociones en tiempos difíciles

¡Buenos días!

Las emociones no son ni buenas ni malas.

Y me vas a preguntar, si claro…y ¿con la que está cayendo? ¿Lo que siento no es cierto?

Experimentar emociones que llamamos negativas no es agradable, y muchas veces es, doloroso.

Recordar que nuestro cerebro busca el placer y evita el dolor y su trabajo es buscar la supervivencia.

Emociones como el miedo, la tristeza o el enfado clasificadas como negativas tienden a ser reprimidas. El problema es que esta represión tiene unas consecuencias a largo plazo, tanto a nivel físico como mental. Porque el hecho de evitarlas o rechazarlas no implica que desaparezcan, sino todo lo contrario. De alguna forma, se acumulan en nuestro interior y generan mayor sufrimiento.

Así, enfrentarnos de forma constructiva a nuestras emociones negativas puede ayudarnos a evolucionar, alcanzar objetivos cruciales en la vida, mantener vínculos sanos con los demás. Y sobre todo con nosotros mismos.

La ira, el miedo o la tristeza son emociones que forman parte de nuestro día a día. Ahora bien, al igual que nos indican algo sobre nosotros, cubren una necesidad básica humana cuando las experimentamos, pero también suelen provocar estrés o ansiedad si no sabemos gestionarlas. De ahí que, a menudo, se opte por evitarlas, ignorarlas.

Aprender a gestionar las emociones negativas puede ser un aprendizaje complejo, ya que implica afrontarlas, analizarlas y reflexionar sobre aquello que nos quieren decir. Ser consciente de que siento, que estoy experimentando que significado le doy a lo que estoy experimentando.

Manejar las emociones negativas significa no permitir que nos invadan, sino mantenerlas sin negar que las estamos sintiendo.

La diferencia entre la aceptación y el sufrimiento

Si observas hoy parece que hay que mantenerse felices, lo cual podría ser una expectativa poco realista que podría dañar nuestro bienestar psicológico.

No obstante, esto es un proceso que lleva su tiempo y su trabajo. Aceptar las emociones negativas no es sencillo, ya que la aceptación, como cualquier otro hábito cognitivo, es una habilidad que se perfecciona y desarrolla con el tiempo.

Aceptar las emociones negativas sin jugarlas, sin identificarse con ellas.

Observa y pregúntate.

¿Qué se esconde detrás de mi emoción? ¿Por qué pienso que es mala? ¿A dónde me lleva eso? ¿para qué me vale?, ¿Qué significa para mí? ¿Esta emoción donde me mantiene?

Cuestiónate una y otra vez cada emoción que consideres negativa. En poco tiempo te darás cuenta que cada una de ellas cumple una función y no es tan mala como piensas.

 

¡Que tengas un día extraordinario!

 

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