Isabel Garzón

Esta vida no es de prueba, ¡Vívela!

El miedo paraliza

¡Buenos días!

Es importante observar el cuerpo, cada emoción va ligada a unas sensaciones físicas, el cuerpo es un correo electrónico que nos avisa, nos advierte, nos dirige la atención.

Tu cuerpo es sabio y sabe lo que necesitas

Si manejamos nuestras emociones de una forma sana, podremos escuchar y entender el mensaje que nos envía nuestro cuerpo. Identificaremos las emociones asociadas a los síntomas físicos, y aprenderemos a gestionar estas emociones para que no se conviertan en dolores físicos.

Piensa que tu cuerpo te ayuda a conocerte mejor si aprendes a interpretar sus mensajes emocionales ocultos y le das lo que necesita.

Recuerda que con tu cuerpo vas a convivir toda la vida, por tanto, vale la pena prestarle más atención y cuidado. Así, no solo mejorarás tu inteligencia emocional, sino también tu consciencia corporal.

Vamos a verlo ..

Empecemos esta semana con el Miedo

Miedo

Es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o imaginario, presente, futuro o incluso pasado.

Su principal función es la de advertirte y protegerte de algún peligro y huir o luchar para alejarte del estímulo que provoca el miedo.

Gracias al miedo hoy tú estás aquí. Si te fijas hay muchas veces que el miedo no tiene ninguna relación con el peligro real y esta situación hace que te paralices y no puedas pasar a la acción convirtiéndose en una conducta desadaptativa.

 A nivel físico el miedo puede expresarse con el corazón en la garganta, el estómago encogido, los pelos de punta, dolor de estómago, tensión corporal, el corazón se acelera, sudores, presión en el pecho, diarrea, cambios de apetito, e insomnio entre otros.

El miedo es una emoción encargada de mantenernos con vida. Se trata de un poderoso instinto que nos mantiene lejos de situaciones peligrosas, y lo hace en muchos casos desencadenando una serie de reacciones que nos hacen actuar sin darnos cuenta.

Nuestro cuerpo responde más allá de nuestro control

Plantar cara o salir corriendo son las dos opciones que tenemos al percibir un posible peligro, un ataque o cualquier otra amenaza a nuestra supervivencia.

El mecanismo que desata el miedo se encuentra en el cerebro reptiliano, que regula acciones esenciales para la supervivencia, como comer o respirar, y en el sistema límbico, que regula las emociones y las funciones de conservación del individuo. La amígdala, incluida en este sistema, revisa continuamente la información recibida a través de los sentidos. Cuando detecta un peligro, desencadena el miedo y ansiedad.

Si sientes, alguna de estas sensaciones corporales, puedes revisar si es miedo u otra la emoción que estás sintiendo. Para poder gestionar el miedo, lo mejor es que en vez de evitarlo, trates de afrontarlo tal y como viene. Cada emoción va ligada a unas sensaciones físicas en el cuerpo

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo gestionarlo?

PASO 1. CONOCE A TU ENEMIGO.

Lo primero que tendrás que hacer es poner cara a tu miedo. Realmente, si lo piensas bien, a lo que tenemos miedo es a lo desconocido. Haz visible tu miedo. Ponle nombre:

 

– Miedo al fracaso.                                               – Miedo a perder algo.

– Miedo a exponerte ante los demás.               – Miedo a brillar.

– Miedo al rechazo.                                              – Miedo a ser señalado.

– Miedo al qué dirán.                                           – Miedo a la soledad.

– Miedo a la pérdida de un ser querido.          – Miedo a la vejez.

– Miedo a la enfermedad.                                   – Miedo al sufrimiento.

Estos son solo algunos miedos. Identifica el tuyo.

¿Cuál es la cara de tu miedo?

 

¡Que tengas un día extraordinario!

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